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Fabulada

Animales y naturalezaEspañol de España

Un cachorrito nuevo

Alma quería un cachorrito nuevo. Era un sábado por la mañana y su habitación estaba llena de luz. Su madre dejó una caja pequeña en la mesa de la cocina. Dentro, un perrito de peluche negro miraba hacia arriba con ojos de botón brillantes.

—Es para ti —dijo su madre—. Pero tienes que cuidarlo tú.

Alma sonrió. Sacó al perrito y lo abrazó. Se llamaba Negro. Le gustaba mucho su nombre. Sin embargo, algo iba mal. Negro no quería quedarse quieto en su cunita. Alma lo sentaba sobre las mantas, pero él rodaba hacia el lado izquierdo. Lo ponía de nuevo, y otra vez rodaba.

—¡Eh, eh! —dijo Alma—. No te muevas.

Negro se deslizó al suelo con un suave plaf. Alma lo recogió. El perrito parecía pesado, muy diferente de los otros juguetes. Tenía una forma rara. Alma lo puso de pie contra la pared. Inclinado a la derecha. Lo puso en el centro de la cama. Inclinado a la izquierda.

Su padre entró en la cocina con una taza de zumo.

—¿Qué le pasa a tu nuevo amigo? —preguntó.

—Se cae siempre —dijo Alma—. No se queda derecho.

Padre se acercó y miró la base del perrito.

—Mira bien —dijo—. ¿Qué ves ahí abajo?

Alma levantó a Negro. Había una pequeña rueda de plástico en el vientre. Y en la espalda, una patita corta.

—¡Ah! —exclamó Alma—. Tiene una rueda.

Corrió hacia su habitación con el perrito en la mano. Lo dejó en el suelo, sobre la alfombra suave. Negro giró sobre su propia base con un suave rum. Rodó hacia la puerta. Alma lo siguió. No rodaba mal. Se movía con gracia.

Lo empujó despacio contra la pared. Se detuvo. Lo soltó. El perrito se quedó quieto, apoyado en su patita trasera, como si descansara. Alma se sentó en el suelo a su lado. El sol entraba por la ventana y calentaba la cabeza de negro. Alma acarició su peluche suave. Ya no quería moverlo. Se quedó ahí, mirando cómo la luz jugaba con la sombra del perrito sobre la alfombra, mientras el silencio de la casa los envolvía a ambos.