Animales y naturalezaEspañol de México
El gatito y el mapa equivocado
—¡Yo sé dónde está el sol! —dijo Renata, la gatita, y levantó la cola como una bandera.
Renata era muy curiosa. Quería encontrar el mejor lugar del jardín para dormir la siesta, ese donde el sol se queda quietito. Para no perderse, dibujó un mapa con carbón en una hoja grande. Lo dibujó de memoria.
Primero pintó el árbol. Luego el pozo. Luego una cruz grande: ahí, el sol.
Salió con el mapa en la boca. Caminó hasta el pozo y miró. Nada de sol. Solo sombra fresca y una rana que la miró de lado.
—Perdón —dijo la rana—. Yo vivo aquí. No es lugar para siestas.
—Mi mapa dice que aquí hay sol —dijo Renata.
—Tu mapa dice cosas —dijo la rana, y se fue de un brinco. ¡Plop!
Renata volvió a mirar el mapa. El árbol estaba en un lado, pero el pozo estaba en otro. Ay, ay, ay. El mapa estaba casi todo mal.
Probó de nuevo. Siguió la línea del carbón hasta la cerca. Tampoco había sol. Solo una escoba y una chamarra colgada, que se movía con el viento y la hizo saltar.
Renata se sentó. Se quedó muy quieta y movió las orejas.
Entonces notó algo en el suelo. Una mancha tibia, redonda como una tortilla, estaba junto a sus patas. Miró arriba. El sol pasaba entre las hojas del árbol, justo por un huequito.
—¡Aquí estás! —dijo Renata.
Dio una vuelta, y otra vuelta, y se acostó en el círculo tibio. Dejó el mapa a un lado. Tenía una cruz grande, pero estaba en el lugar equivocado.
—Qué mapa tan tonto —murmuró, bostezando.
El círculo de sol se movió un poquito, y ella se movió con él. Las hojas hacían sombras que bailaban sobre su panza. Allá, junto al pozo, la rana cantó una vez. Renata empezó a ronronear, rrr, rrr, rrr, cada vez más despacio, hasta que solo se oyó el viento en las hojas.