Animales y naturalezaEspañol
Samuel, la Ballena de Lunares
Samuel era una ballena azul con una cosa que nadie más tenía: una mancha de lunares blancos en la cola. Cada lunar brillaba un poquito cuando se hacía de noche.
Esa noche, Samuel quería ver todas las estrellas desde el agua. Pero el mar estaba lleno de olas, y las olas no lo dejaban ver.
—Plas, plas, plas —hacían las olas.
Samuel subió a la superficie. Las olas le taparon el cielo.
—Quiero ver las estrellas —dijo—. Todas.
Lo intentó otra vez. Nadó más rápido. Saltó muy alto, pero cayó con un gran chapuzón. Las olas se rieron y le mojaron la cara.
Cerca, unos pájaros pasaban con ramitas en el pico. Llevaban cosas de un nido a otro, como todas las noches. Ninguno nunca iba por el mismo camino.
—Hola, ballena —dijo uno—. Tenemos prisa. Hay que llevar esta concha al nido del acantilado.
—¿Por dónde vas? —preguntó Samuel.
—Hoy, por aquí —dijo el pájaro, y se fue por la izquierda.
Samuel se quedó pensando. Miró su cola. Un lunar brilló. Luego otro.
—¡Ah! —dijo.
Se quedó muy quieto y se puso de lado, con la cola fuera del agua. Los lunares brillaban sobre el mar oscuro. Y las olas, al tocarlos, se quedaron tranquilas, tranquilas, como una sábana.
El agua se volvió lisa como un espejo. Y en el espejo aparecieron las estrellas. Una, dos, cien, mil. Estaban arriba y también abajo.
—Mira —susurró Samuel—. Las veo todas.
Los pájaros pasaron otra vez, sobre el mar quieto, con su concha.
—Qué bonito —dijo uno, sin parar.
Samuel no se movió. Su cola brillaba un poquito, las olas dormían, y una estrella pequeña se meció despacio en el agua, justo al lado de su ojo.