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Fabulada

Animales y naturalezaEspañol de España

Alma y la ballena de estrellas

Alma baja corriendo al muelle con su taza de hojalata. La puerta del muelle chirría una cancioncilla, ri-ri-rí, como todas las tardes, y ella casi no la oye.

Hoy quiere una cosa muy concreta. Cuando sale la primera estrella, la ballena Marea sube a cantar. Alma quiere darle un regalo: una estrella en su taza.

Se sienta en el borde y mira el agua. Allí abajo, la primera estrella ya brilla, pequeñita.

—Una estrella, dos estrellas, tres estrellas —cuenta Alma—. Marea llega pronto.

Mete la taza despacio. ¡Chof! La estrella se rompe en mil trocitos y se escapa.

Alma lo intenta otra vez, más rápido. La estrella se va nadando hacia el otro lado.

Prueba con las dos manos, como cuando atrapa una mariposa. Nada. La estrella tiembla, se estira y se escurre entre los dedos.

—Qué difícil sois, estrellas —dice Alma, con los brazos mojados.

En el cielo ya hay muchas más. Alma se queda quieta, con el ceño fruncido. Y entonces se fija en algo. Cuando ella se mueve, el agua se arruga y la estrella se rompe. Cuando ella se calla, el agua se alisa y la estrella vuelve entera.

Alma aguanta el aire. Baja la taza como si fuera de plumas. No toca el agua: la deja flotar, muy suave, justo debajo de la estrella.

Y la estrella se queda dentro, redonda y brillante.

—¡Te tengo! —susurra.

Entonces el mar se hincha. Marea sube, enorme y oscura, con el cielo lleno de puntitos sobre el lomo. Suelta un chorro por el lomo: ¡FUUUSH!

Una lluvia de gotas cae sobre Alma, sobre la taza y sobre la estrella. Alma se queda empapada y con la boca abierta. Después se ríe.

La estrella sigue en la taza, temblando un poquito. Marea empieza a cantar, grave y larga, y la taza hace cosquillas en las manos de Alma.

Detrás, la puerta del muelle chirría su cancioncilla, ri-ri-rí, y el agua se queda quieta.