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Fabulada

Animales y naturalezaEspañol de España

Un botón que ronroneaba

Vega era una gatita gris con un bigote torcido, y lo que más le gustaba en el mundo era saber qué había dentro de las cosas.

Aquella mañana, junto a la cesta del pan, encontró un botón rojo y redondo. El botón hacía ron, ron, ron, igual que un gato dormido.

—¿Quién ronronea ahí dentro? —preguntó Vega.

Quería saberlo antes del desayuno. Empujó el botón con la patita, y el botón rodó por el suelo de la cocina.

Vega corrió detrás. Estaba a punto de atraparlo cuando el botón se escapó debajo del armario.

—Primera vez —dijo—. Ahora lo intento por otro lado.

Se tumbó y estiró la pata debajo del armario. Sacó una pelusa, una miga y un tapón. El botón no salió.

—Segunda vez —dijo—. Ahora con la cola.

Metió la cola. Algo le hizo cosquillas y Vega pegó un salto tan alto que se cayó de culo sobre la cesta del pan. ¡Plof! Un panecillo rodó por el suelo.

Entonces Vega se quedó quieta, con las orejas hacia delante. El ron, ron, ron sonaba más cerca de la pared, y más cerca de la pared, y cada vez más.

—Un momento —susurró—. Si suena aquí, es que el botón está aquí.

Se asomó por detrás del armario. Allí, en la sombra, estaba el botón rojo… y encima, enroscado, un ratoncito marrón, con los ojos cerrados.

—Perdona —dijo el ratón bostezando—. Yo vine a buscar migas. Este botón es mi almohada, porque hace ron, ron, ron cuando respiro encima.

—¿Eres tú quien ronronea? —preguntó Vega.

—Yo no ronroneo —dijo el ratón—. Ronco.

Vega se rio tanto que le tembló el bigote torcido. Le acercó la miga más grande, y el ratón se la guardó en la mejilla.

Luego los dos se sentaron juntos detrás del armario. Se oía el ron, ron, ron del botón, la brisa en la ventana y, muy bajito, el ronquido de una gatita que también se había dormido.