Amistad y bondadEspañol (Uruguay)
Quiero un amigo para la calesita
Agustina quería un amigo para subirse con ella a la calesita de la feria.
Era la feria de las carpas rayadas, donde la calesita nunca paraba de dar vueltas. Agustina tenía una campera amarilla y un caballito azul que era el suyo. Pero daba la vuelta sola, y el asiento de al lado, un conejo de madera, siempre estaba vacío.
Una silla de mimbre junto a la carpa de los globos se mecía despacito, sola. Era porque alguien se había sentado ahí ese día. En la feria, nadie lo encontraba raro.
Agustina vio a un nene con una remera verde, parado junto a la silla.
—Hola —dijo—. ¿Querés subir conmigo?
El nene miró la calesita. Se tapó la boca con la mano y se fue corriendo.
Agustina lo pensó. Entonces fue a la carpa de los globos y pidió uno rojo. Volvió y lo ató al conejo de madera.
—Mirá —dijo cuando el nene pasó de nuevo—. El conejo tiene un globo. Vení a verlo.
El nene se acercó. Pero justo vino una ráfaga de viento y el globo se soltó. ¡Fiuuu! Subió por encima de las carpas.
—¡Se escapó! —gritó el nene.
—¡Vamos! —dijo Agustina.
Corrieron juntos debajo del globo. Agustina saltaba y no llegaba. El nene también saltaba y tampoco. Entonces Agustina vio que el hilo colgaba y tocaba la punta de la silla de mimbre.
—Ayudame —dijo—. Yo te levanto.
El nene se subió a la silla, y la silla se mecía, y él se estiró bien alto. Agarró el hilo.
—¡Lo tengo!
Se rieron los dos, tan fuerte que les dolía la panza.
—Me llamo Facundo —dijo el nene.
—Yo, Agustina.
Subieron a la calesita. Ella en su caballito azul, él en el conejo de madera, con el globo rojo atado al palo. Dieron una vuelta, y otra, y otra.
El globo se movía con el viento, y la silla de mimbre, allá abajo, se mecía y se mecía.