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Fabulada

Animales y naturalezaEspañol (Argentina)

Vaquitas en el jardín

Renata era una vaquita de San Antonio con una sola mancha, justo en el medio de la espalda. Todas las demás en el jardín tenían siete.

—Siete manchas, siete suertes —decían.

Renata quería siete también. Las quería para el baile de las vaquitas, que era esa tarde, cuando el sol tocaba la regadera. Allí solo entraban las de siete.

Se fue caminando por una hoja de lechuga, después por un tallo de margarita, hasta el tomatero. Ahí vivía Dora, una vaquita con ocho manchas, que se miraba triste en una gota.

—¿Qué te pasa? —preguntó Renata.

—Tengo ocho. Y el baile es de siete. Me sobra una.

Renata la miró. Dora tenía una mancha de más. Ella tenía una de menos.

—Yo tengo una —dijo—. Vos tenés ocho. ¿Y si cambiamos?

Dora probó con una pata y empujó su mancha más chiquita. Nada. La mancha no se movía.

—Probemos otra cosa —dijo Renata—. Mirá la gota.

En la gota se veía todo patas arriba. Renata se paró de espaldas junto a Dora, y la gota las mostró juntas.

—Mirá —dijo Renata—. Si estamos una al lado de la otra, ¡tenemos nueve!

—Nueve no es siete —dijo Dora.

—Pero cuatro y media para cada una... —Renata se rio—. ¡No sé contar!

Dora también se rio, y de tanto reírse resbalaron las dos y cayeron en la regadera. ¡Plin! Sonó como una campanita.

Todas las vaquitas se asomaron. El sol justo tocaba el borde de la regadera.

—¡Llegaron! —dijo una.

Nadie contó manchas. Las vaquitas se agarraron de las patitas y empezaron a dar vueltas. Renata y Dora giraban en el medio, mareadas, y la regadera sonaba plin, plin, plin, mientras el sol se iba poniendo naranja sobre las margaritas.