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Fabulada

Imaginación y fantasíaEspañol

La estrella en el patio

—Algo cayó en el patio —dijo Sofía, y dejó la cuchara sobre la mesa.

Salió descalza. Entre las macetas brillaba una estrellita del tamaño de una manzana. Hacía hipo: hip, hip. Y con cada hip se apagaba un poquito.

—Tú eres del cielo —le dijo Sofía—. Yo te llevo a casa antes de dormir.

Sofía no quería que esa noche hubiera un hueco arriba. Los huecos le daban pena.

Encima del cobertizo, el gallo de hojalata giró crick, crick, y señaló la estrella. Siempre señalaba lo que andaba perdido en el jardín, y en esa casa nadie lo encontraba raro.

Primero Sofía tomó la estrella con las dos manos y la lanzó muy alto. Subió, subió… y bajó. ¡Plof! Cayó en la tierra blanda.

—Un poquito más arriba —pidió la estrella. Hip.

Entonces Sofía trajo el banquito de papá. Se subió, estiró los brazos y levantó la estrella. Pero el banquito hizo crac, y una pata se partió. Era el último banquito que tenían. El otro se había roto el domingo.

Sofía se sentó en el suelo, con la estrella en las rodillas. Se quedó mirándola un rato.

La estrella brillaba menos cerca de la lámpara del patio. Y donde caía la sombra de la maceta, brillaba más.

—Ay —dijo Sofía—. Es la luz de la lámpara. No te deja ver el camino.

Fue hasta la pared y tiró del cordón. Clic. El patio se quedó a oscuras.

La estrella dejó de hacer hip. Brilló fuerte, blanca y tibia, y se despegó de las manos de Sofía muy despacito, como una burbuja de jabón. Subió por encima de las macetas, del cobertizo y del gallo. Allá arriba, entre dos luces pequeñas, hizo plin.

El gallo giró crick, crick, hasta mirar al cielo. Después se quedó quieto.

Sofía sintió las baldosas frías bajo los pies. Escuchó los grillos. Y no vio ningún hueco.