Imaginación y fantasíaEspañol de México
La cubeta de la estrella
Regina tenía una cubeta que nunca se vaciaba del todo. Por más que la volteara, siempre le quedaba un dedo de agua en el fondo. Nadie en su casa lo encontraba raro.
Una noche, Regina oyó un ruido en el patio: ¡plop! Salió con su chamarra puesta. En la cubeta, flotando en el dedo de agua, había una estrella chiquita, del tamaño de un limón.
—Ay, me caí —dijo la estrella con voz de campanita—. Estornudé y me caí.
—Yo te regreso al cielo —dijo Regina—. Mañana tu lugar estará vacío.
Primero la aventó con las dos manos. La estrella subió un poquito y bajó otra vez: plop, a la cubeta.
Luego Regina trajo la escalera del jardinero. Subió, subió, y estiró el brazo. Pero el cielo seguía igual de lejos.
—Un poquito más arriba —suspiró la estrella.
Regina se sentó en el piso. La estrella se estaba apagando, triste. Entonces Regina se fijó en algo. Cuando la estrella se movía en el agua, le cosquilleaba la pancita, y cada vez que se reía, brillaba más y se levantaba un poquito.
—¿Te dan cosquillas? —preguntó Regina.
—¡No! —dijo la estrella—. Jijiji.
Regina le hizo cosquillas con un dedo. La estrella se rio y subió a la altura de la nariz. Le hizo más cosquillas, y subió hasta el techo. Regina corrió detrás y le cantó una canción de pollitos. La estrella se rio tanto que pasó la rama del limonero, y luego la barda, y luego las nubes.
—¡Gracias! —se oyó, muy lejos.
Regina esperó con la cabeza hacia atrás. Arriba, en un hueco oscuro, se encendió una luz chiquita.
Regina volvió a la cubeta. En el dedo de agua, algo todavía brillaba. Tembló un poquito, como una risa, y se quedó quieto.