Imaginación y fantasíaEspañol (Colombia)
Una estrella en el patio
—¡Pum! ¡Cataplum!
Camilo oyó el ruido desde su cama y salió corriendo en pijama. Atravesó la cocina de puntillas y abrió la puerta del patio.
Ahí, junto al limonero, había una estrella. Era pequeña, del tamaño de una pelota, y brillaba con una luz amarilla y temblorosa.
—Hola —dijo Camilo.
—Hola —dijo la estrella, con una voz finita como un timbre—. Me caí. Tengo que volver al cielo antes de que salga el sol, o se me apaga la luz.
Camilo quería mucho a esa estrella, aunque la conocía desde hacía un minuto. Quería ayudarla.
Primero, la agarró con las dos manos y la levantó muy alto. La estrella no subió.
—Pesas mucho —dijo Camilo.
—Es que estoy cansada —dijo la estrella.
Entonces trajo la escalera del abuelo y subió, subió, subió hasta el último escalón. Estiró los brazos. El cielo seguía igual de lejos.
—Nada —suspiró.
La luz de la estrella se hizo un poquito más débil. Camilo miró el patio. Vio el columpio y la sábana del abuelo, que colgaba del tendedero. Soplaba el viento y la sábana se hinchaba como una vela.
—¡Ya sé! —dijo.
Corrió a buscar un cordel. Ató la estrella a una punta de la sábana y la otra la amarró al tendedero. Luego tomó el esfero de su mamá y... no, eso no servía para nada, así que lo dejó en el suelo.
Mejor se puso a soplar. Sopló y sopló, y la sábana se infló, se infló, y la estrella empezó a subir.
—¡Más! —pidió la estrella.
—¡Fuuu! —sopló Camilo.
En ese momento llegó un viento grande desde la montaña. La sábana se llenó de golpe, el cordel se soltó y la estrella salió disparada hacia arriba, dando vueltas, hasta que fue un puntito y luego una chispa.
La sábana cayó sobre la cabeza de Camilo. Se la quitó, riéndose.
Allá arriba, entre las otras, una luz amarilla parpadeó dos veces. Camilo parpadeó también.
El patio quedó en silencio, y el limonero olía a limón.