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Fabulada

Familia y hogarEspañol (Colombia)

La sopa de las medias

—¡Mi cuchara de palo se perdió! —dijo Valentina, asomándose a la olla grande.

Valentina tenía seis años y quería hacer la sopa de fideos con la abuela. Esa era la sopa de los domingos, y sin la cuchara de palo nadie podía revolverla.

—Aquí estaba anoche —dijo la abuela—. Pero ya sabes cómo es mi cocina. Por la noche, todo cambia de lugar.

Valentina lo sabía. En la cocina de la abuela, las medias del tendedero cambiaban de pareja cada noche. Una roja se iba con una verde. Una de rayas se iba con una de lunares. Y a veces también se llevaban la cuchara.

Valentina buscó en el cajón. Plaf, plaf, solo había trapos. Buscó debajo de la mesa. Solo encontró una cebolla que rodaba sola.

—Voy a buscar de otra manera —dijo.

Se subió a una silla y miró el tendedero. Había medias de rayas, de lunares y de flores. Pero una media verde colgaba muy larga y muy panzona, como una salchicha.

—Esa media pesa más que las otras —dijo Valentina.

Metió la mano. Dentro había algo duro y liso. ¡Era la cuchara de palo!

—¡La encontré! —gritó—. ¡Estaba escondida en una media!

La abuela se rio, y los fideos ya hervían en la olla.

Valentina revolvió y revolvió. La cuchara iba despacio, como un barco en un lago amarillo. La sopa olía a ajo y a cilantro.

En el tendedero, la media verde se movió un poquito. Salió de ella un hilo de vapor, o quizá una risa. Valentina no estaba segura.

—Revuelve despacio —dijo la abuela—. Así se hace la sopa de los domingos.

Valentina revolvió despacio. Sopló una cucharada, la probó, y estaba calientita. Afuera empezó a caer la tarde. Los fideos giraban y giraban, y la cocina entera olía a domingo.