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Fabulada

Estaciones y climaEspañol (Argentina)

Una tarde lluviosa con Pepa

Santino oyó la lluvia en la ventana, plin, plin, plin, y corrió a buscar todos los almohadones de la casa.

Era una tarde lluviosa y no se podía salir al patio. Entonces Santino quiso hacer un fuerte junto a la ventana. Un fuerte con techo, para quedarse adentro escuchando llover.

Juntó los almohadones del sillón. Juntó los de las camas. Hizo cuatro paredes blandas, como panes enormes. Después tiró una manta encima.

¡Plaf! La manta se hundió y el techo se cayó.

—Otra vez —dijo Santino.

Puso los almohadones más altos. Tiró la manta. Plaf. Se cayó de nuevo.

Pepa, la gata, entró por la puerta. No venía a ayudar. Venía a buscar un rincón calentito para dormir. Dio una vuelta, miró el fuerte y se acostó sobre una punta de la manta, que seguía en el piso.

Santino se sentó a pensar. Afuera, la lluvia hacía redondeles en el charco del patio.

—Probemos con sillas —dijo.

Arrastró dos sillas y colgó la manta entre ellas. Pero la manta se resbaló y quedó colgando como una hamaca cansada. Plaf, otra vez.

Santino suspiró. Entonces miró a Pepa. La manta seguía quieta debajo de ella, y las otras puntas se movían con cualquier soplido.

—¡Mirá! —dijo—. Donde está Pepa, la manta no se va.

Pepa bostezó. No pensaba moverse.

Santino fue a la biblioteca y trajo cuatro libros gordos. Puso uno en cada punta de la manta. Esta vez el techo no se cayó. Se quedó arriba, bien tirante, como una carpa.

—¡Listo! —gritó.

Pepa se estiró, pasó por debajo de la manta y se acurrucó en el almohadón más grande. Santino entró detrás, despacito, y se acostó a su lado.

Adentro estaba oscuro y calentito. Afuera, la lluvia seguía cantando en la ventana, plin, plin, plin.

Pepa empezó a ronronear. Rrr, rrr, rrr. Y Santino cerró los ojos para escuchar las dos músicas juntas.