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Fabulada

Estaciones y climaEspañol (Argentina)

La gran siesta de Julián

—¡Mirá, mamá, el sol se quedó a vivir en el patio! —dijo Julián.

Julián era un oso hormiguero chiquito, de color gris suave, con una trompa larga y una curiosidad que no le cabía en el cuerpo. Aquel era el día más largo del verano, el día con más luz de todo el año, y Julián quería aprovecharlo para jugar sin parar bajo el gran árbol de hojas verdes. En su bolsillo llevaba un hilo rojo de lana que su mamá le había dado para atar sus ramitas. El problema empezó después del almuerzo, cuando el calor del sol se puso pesado y espeso. A Julián se le cerraban los ojos de sueño, pero él no quería dormir; si se dormía, sentía que se perdería el día más hermoso del año.

El viento sopló despacio y una ráfaga suave le tiró el hilo rojo de las manos. Julián corrió para agarrarlo, pero sus piernas pesaban como piedras y su bostezo fue tan grande que hizo ¡uuaaaah! Se tropezó con una raíz y cayó de panza sobre el pasto tibio. Intentó levantarse, pero sus brazos no le hacían caso. El hilo rojo se había enredado en una flor alta, fuera de su alcance.

Entonces, Julián decidió no pelear más contra el cansancio. Apoyó la mejilla en la tierra fresca, debajo de la sombra del árbol, y miró el hilo que se hamacaba con el viento. Cerró los ojos un ratito, respirando el olor a pasto seco y a tierra tibia.

Cuando abrió los ojos, el sol seguía brillando arriba, redondo y amarillo. El día todavía no se había terminado. Despacito, Julián estiró su trompa, alcanzó el hilo rojo con un movimiento suave y lo guardó en su bolsillo. Se sentó bajo la sombra fresca, sintiendo el airecito de la tarde en las orejas, feliz de saber que el verano todavía lo esperaba para jugar.