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Fabulada

Estaciones y climaEspañol (Colombia)

El farol de Luciana

En la colina de los Cuatro Vientos, el sol no se quería ir a dormir. Era el día más largo del verano.

Luciana vivía allí con su abuelo. Ella quería una sola cosa: ver salir la primera estrella. Había esperado todo el día con una manta, sus tenis rojos y un esfero para anotar la hora.

Pero el cielo seguía azul y claro.

—Abuelo, ¿cuándo se hace de noche?

—Hoy tarda un poco más —dijo él, mientras regaba las tomateras.

En el techo de la casa había una campana pequeña. Sonaba sola cada vez que el viento cambiaba de lado. Nadie en la colina lo encontraba raro. Así era la campana.

Tilín, tilín, sonó. El viento venía ahora del río.

Luciana tuvo una idea. Si el sol no se iba, ella buscaría la estrella en otra parte. Corrió hasta el estanque y miró el agua. Solo vio una nube gorda.

Luego probó con el cubo de lata. Se asomó adentro. Solo vio su nariz.

—Ay, no —suspiró.

Entonces oyó un zumbido. Una luciérnaga salió del pasto, muy apurada. Tenía que llegar al manzano, porque allí la esperaban sus primas.

—¡Espera! —dijo Luciana—. ¿Tú también sales de noche?

—Yo salgo cuando oscurece —contestó la luciérnaga—. Hoy no hay quién me avise.

Luciana miró el cielo, y miró el manzano. Se le ocurrió algo. Corrió al cobertizo y volvió con el cubo. Lo puso boca abajo sobre la manta, y se metió debajo con la luciérnaga.

Adentro estaba oscuro como una cueva.

—¡Mira! —susurró Luciana—. ¡Ya es de noche!

La luciérnaga se rio y encendió su luz. Pic, pic, pic.

Y justo entonces el abuelo la llamó para las onces. Luciana levantó el cubo. Afuera, el cielo se había vuelto de color durazno, y arriba, muy chiquita, parpadeaba la primera estrella.

La campana sonó una vez más: tilín. Luciana apoyó la cabeza en la manta tibia, y la estrella le guiñó desde arriba.