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Fabulada

Oficios y comunidadEspañol de México

Pan caliente en la madrugada

Diego es el panadero del pueblo, y es el único que se despierta cuando todavía hay estrellas. Se pone su chamarra, camina en silencio por la calle oscura y abre la panadería.

Todavía está oscuro, y Diego ya está despierto.

Hoy quiere tener el pan listo antes de que suene la campana de la mañana. Amasa, amasa, amasa. Pone las bolitas de masa sobre la mesa, una al lado de otra.

De pronto se oye un ruido.

Tic, tic, tic.

Diego se detiene. Mira debajo de la mesa y no hay nada. Mira dentro del barril de harina y sale una nube blanca que le llena la nariz. Mira detrás del horno y solo hay calorcito.

Tic, tic, tic.

—¿Quién anda ahí? —pregunta Diego.

Nadie contesta. Una bolita de masa rueda por la mesa y cae al piso. Diego se agacha para atraparla, pero la bolita sigue rodando y se escapa justo antes de que la toque. Rueda otra vez. Diego estira la mano, y otra vez se le escapa.

Entonces se queda quieto, como una piedra, y escucha.

Tic, tic, tic. El ruido camina junto a la bolita.

Diego se asoma muy despacio. Detrás de la bolita hay una ratoncita con la nariz llena de harina. Empuja la masa con las dos patitas, tic, tic, tic, hacia un agujero pequeño en la pared.

—Ah —susurra Diego—. Tú tienes bebés y quieres cenar.

La ratoncita lo mira con los ojos muy redondos.

Diego no corre. Parte un pedacito de pan tibio y lo deja junto al agujero. La ratoncita lo huele. Lo toma con las patitas y se mete a su casa.

El ruido se va, tic, tic, tic, cada vez más bajito, hasta que ya no se oye.

Diego recoge la bolita y la pone en la charola. En la ventana se asoma la luz. Afuera suena la campana, y en la panadería huele a pan recién hecho.