Oficios y comunidadEspañol
El rincón de los cuentos pequeños
—¿Oyes ese ronroneo? —dijo Camila, y dejó el libro en el carrito.
Camila era la bibliotecaria. Su rincón favorito estaba al fondo, junto a la ventana, con un sillón verde y una alfombra redonda. Allí le gustaba leer cuando todos se iban. Pero esa mañana, el ronroneo venía de su sillón.
Camila se acercó despacito. Sobre el sillón no había nadie. Pero el ronroneo seguía: rrrr, rrrr.
—Quiero sentarme —dijo ella—. Es mi rincón.
Miró debajo del cojín. Solo había una moneda y un lápiz. Miró detrás de la cortina. Solo había polvo y un rayo de sol.
—Gatito, ¿dónde estás? —llamó.
Nadie contestó. Solo el ronroneo: rrrr, rrrr.
Camila se quedó quieta y pensó. Si buscaba con los ojos, el gato se escondía. Entonces cerró los ojos y escuchó con las orejas bien abiertas.
El ronroneo no venía del sillón. Venía de un poquito más arriba. Venía del estante de los libros grandes.
Camila abrió los ojos. Allí, entre un libro rojo y un libro azul, había un hueco. Y en el hueco, enroscado como un caracol, dormía un gato gris.
—¡Así que estabas ahí! —susurró.
El gato abrió un ojo. Bostezó. Y se estiró despacio, con las patas hacia delante.
Camila sonrió. Se sentó en su sillón verde y el gato bajó de un salto. Dio una vuelta y otra vuelta sobre la alfombra, y por fin se acomodó en sus rodillas.
—Está bien —dijo Camila—. Hoy el sillón es de los dos.
Abrió el libro. Afuera, la luz de la ventana se movía sobre las páginas. Y en las rodillas de Camila, el ronroneo seguía suave: rrrr, rrrr.