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Fabulada

Oficios y comunidadEspañol (Argentina)

El violín del último estante

Julieta estaba subida a la escalera con ruedas, buscando el libro de los patos. Era la bibliotecaria de la biblioteca chiquita, la que queda al lado de la laguna. Y esa tarde quería llegar a su rincón favorito, el que está detrás del último estante.

Ahí había un sillón verde, una lamparita y una ventana redonda. Julieta se sentaba cada tarde, justo cuando entraba el sol.

Pero hoy el rincón estaba tapado. Una pila enorme de cajas de libros nuevos bloqueaba el pasillo.

—Bueno —dijo Julieta—. Voy a empujar.

Empujó con las dos manos. Las cajas no se movieron ni un dedito.

—Bueno. Voy a pasar por arriba.

Se trepó a la primera caja. Crrrac. La caja se aplastó un poco y Julieta se bajó rápido.

Se sentó en el piso, pensando. Entonces escuchó algo: cuac, cuac, cuac. Venía de adentro de las cajas.

—¡Eso no es un libro! —dijo.

Se puso a mirar. Por un agujerito de la caja de abajo asomaba una punta amarilla. Era el pico de un patito.

—¿Y vos qué hacés ahí?

—Cuac —dijo el patito, y salió caminando. Pasó por un huequito entre dos cajas y se perdió hacia el fondo.

Julieta se agachó y miró. Detrás de las cajas, el huequito seguía como un túnel chiquito. Daba justo al sillón verde.

—¡Ah! Por ahí no hace falta empujar.

Sacó una sola caja, la de arriba de todas, y la dejó al costado. La pila quedó con una puerta.

Julieta pasó agachada. El patito ya estaba sentado en el sillón, sobre un libro de nubes, muy tranquilo, porque ahí hacía calentito.

—Ese es mi lugar —dijo Julieta, riendo.

—Cuac —dijo el patito, y se corrió un poquito.

Julieta se sentó al lado. Entró el sol por la ventana redonda y les calentó los pies. Afuera, en la laguna, otros patos contestaron, cuac, cuac, y el patito se fue quedando dormido sobre las nubes.