Saltar al contenido
Fabulada

EmocionesEspañol de México

El enojo de Regina

Regina era la única niña de la granja a la que se le ponían rojas las orejas cuando se enojaba.

Esa mañana el sol apenas se asomaba, y en el corral todos ya estaban despiertos. Regina quería llevar ella sola la canasta de los huevos. Era lo que más quería en el mundo.

—Todavía no —dijo la abuela—. Cuando el sol llegue a la cerca.

—¡Pero yo ya puedo!

—Todavía no.

Regina sintió algo grande en la panza, como una olla de frijoles a punto de derramarse. Sus orejas se pusieron rojas, rojas. Pateó el lodo. ¡Plaf! Salpicó a una gallina, y la gallina se fue muy ofendida. El enojo seguía ahí.

Entonces le gritó al sol:

—¡Sube ya!

El sol no subió. Solo cantó el gallo:

—¡Cocoricó!

Regina se subió a la cerca y se cruzó de brazos. Sobre su cabeza pasó un pájaro con un botón azul en el pico. Lo llevaba de un nido a otro, dando una vuelta en el aire. Después pasó otro con una cuchara de madera, y este iba de lado, como un cangrejo. Los pájaros de la granja nunca llevaban las cosas dos veces del mismo modo, y a nadie le parecía raro.

A Regina se le escapó una risita por la nariz.

Miró su enojo. Estaba sentado junto a ella, grande y caliente.

—Bueno —le dijo—. Siéntate aquí, enojo.

Llegó la gallina ofendida y se sentó en la cerca. Luego llegó la cabra. Luego los patos, en fila, y por último el cerdito, que casi se cae. Todos miraron el cielo.

Pasó un pájaro con una pluma, volando hacia atrás.

—¡Beee! —dijo la cabra.

Regina respiró hondo y soltó el aire despacito: pffff. La olla de frijoles dejó de hervir.

La luz amarilla llegó a la cerca y le calentó las rodillas. Desde la cocina, la abuela asomó con la canasta. Arriba, otro pájaro pasó boca abajo con una cuchara de plata, y las orejas de Regina ya eran, otra vez, solo orejas.