Estaciones y climaEspañol
La hoja naranja del pozo
—Ya hay una hoja naranja en el castaño —oyó Elena que decía el abuelo desde la ventana, y salió al patio corriendo en calcetines.
Elena quería ser la primera en encontrarla. Quería ponerla en la mano del abuelo, que miraba el árbol con su taza de té.
Pero todas las hojas eran verdes, verdes, verdes.
Primero Elena saltó. Saltó y saltó, y las ramas seguían muy lejos.
Después trajo el banquito de la cocina y se subió. El banquito hizo ¡crac! y se movió, y Elena bajó de un salto, bien agarrada al tronco.
Una ardilla pasó corriendo con una bellota en la boca. No miró a Elena. Tenía mucho que hacer: buscaba un lugar para esconder su comida.
Elena suspiró y se sentó junto al pozo del patio. Se asomó y gritó:
—¿Dónde estás, hoja naranja?
Esperó. Un segundo tarde, el pozo contestó:
—…hoja naranja.
Así contestaba siempre, y a Elena nunca le había parecido raro.
La ardilla se subió al borde del pozo y se le cayó la bellota. ¡Plop! Elena esperó, y un segundo tarde el pozo dijo: «¡Plop!». Elena se rio tanto que tuvo que taparse la boca.
Entonces miró hacia abajo. El agua estaba quieta y oscura, y allí estaba el castaño, pequeño y al revés. Arriba de todo, en la rama más alta, brillaba un puntito naranja, como la llama de una vela.
Elena levantó la cabeza. Ahí estaba, justo encima del pozo.
—¡Abuelo! —gritó—. ¡Ven! ¡Mira en el agua!
El abuelo salió despacio, con la taza en la mano. Se asomó junto a ella.
—Ahí está —dijo—. La has encontrado tú.
En ese momento sopló un poco de viento. La hoja naranja se soltó, bajó girando y se posó en el agua, sin hacer ruido. Pequeños círculos se abrieron alrededor.
—Oh —dijo Elena en voz baja.
Y un segundo tarde, desde el fondo del pozo, alguien suspiró:
—…oh.