Primeras vecesEspañol de España
Mi mochila nueva
—¡Yo la llevo, yo la llevo! —dijo Valeria, y se la echó a la espalda.
Era una mochila amarilla, con una cremallera que hacía zip. Hoy era el primer día de colegio, y Valeria quería una sola cosa: colgar su mochila en el perchero que tenía un conejo dibujado debajo. Su prima Inés le había contado que allí se cuelgan las mochilas de los mayores.
Entró en la clase. Había muchos niños y mucho ruido. Valeria fue derecha al perchero con el conejo. Alzó la mochila, y el asa se enganchó en el gancho. Tiró. La mochila no se soltó.
—Vamos, vamos —susurró Valeria.
Tiró más fuerte. El gancho se dobló, pero no se rompió. La mochila se quedó colgada del asa, medio torcida, con la cremallera abierta. Zip.
De la mochila cayó una zapatilla. Era la zapatilla de repuesto de mamá, la que Valeria había metido a escondidas para acordarse de ella. Rodó por el suelo hasta los pies de un niño pequeño.
—¿Es tuya? —preguntó él—. Soy Nico. Estoy buscando mi gancho.
Valeria miró la zapatilla. Luego miró el gancho. Ya había tirado fuerte. Ahora probó otra cosa: dejó de tirar y empujó la mochila hacia arriba, hacia el gancho, para dar un poco de holgura.
El asa se aflojó, resbaló y... ¡plof! La mochila quedó colgada, derechita, con el conejo debajo.
—¡Ahí está! —dijo Valeria.
—El mío es este —dijo Nico, y señaló el gancho de al lado. Colgó su mochila verde junto a la amarilla.
Valeria recogió la zapatilla y la guardó dentro. Después subió la cremallera, despacito: zip.
Las dos mochilas se balanceaban una al lado de la otra, y se oía a la seño dar palmas para llamar a todos a la alfombra.