Primeras vecesEspañol (Colombia)
La bola peluda de Salomé
En el plato de Salomé hay una bola roja con pelos. Parece un erizo pequeño.
La abuela la mandó en una canasta. «Es la fruta más rica del mundo», dijo. Salomé tiene hambre y quiere probarla. Sube a su casa del árbol con el plato en las manos. El árbol es alto y está inclinado, y la casa cuelga de la rama más ancha. Allá arriba toma las onces, con los tenis colgando del borde.
Pero la bola tiene pelos. Y los pelos dan un poco de susto.
—Solo un mordisquito —se dice.
Lo huele. No huele a nada. Lo toca con un dedo. Es blando y cosquillea.
—Buenos días, bola —susurra. La bola no contesta.
Entonces Salomé la muerde, con todo y pelos. Le pinchan la lengua.
—¡Puaj!
La bola se le cae. Rueda por el piso de madera, tuc, tuc, tuc, hasta la puerta.
Ahí hay una ardilla. Subió buscando nueces y Salomé no le importa para nada. Ve la bola, la agarra y la pela con sus dos deditos. La cáscara se abre como un abrigo. Adentro hay una bolita blanca y brillante, igual que un huevo pelado.
Salomé abre mucho los ojos. «Se pela», piensa. «No se muerde con el abrigo puesto».
La ardilla se lleva la bolita a la boca, ¡pop!, y se va corriendo con las mejillas llenas.
Salomé elige otra bola del plato. Mete la uña en la cáscara. Se abre fácil. Adentro está la bolita blanca, mojada y fresca. Todavía da un poquito de susto.
—Solo un mordisquito.
¡Pop! Le sabe dulce, como un caramelo de uva.
—¡Está rica! —grita.
El grito despierta a un pájaro de la rama, que baja a mirar. Después vuelve la ardilla, a pedir más.
—Ten, prueba —dice Salomé.
Se sientan los tres en el borde, y la rama se inclina un poquito más. Suena crrrec. Nadie se asusta. Las cáscaras rojas se juntan en el piso, y el jugo le baja a Salomé por la barbilla.