Cuerpo y sentidosEspañol de México
Regina y la cobijita suave
Regina tenía una cobijita suave que ronroneaba como un gato cuando la acariciaban, y en todo el pueblo nadie lo encontraba raro.
Cada noche, Regina se la subía hasta la nariz. La cobijita hacía frrr, frrr, y Regina se dormía. Eso era lo único que quería: su almohada, su cobijita y su frrr.
Pero esa noche la cobijita estaba en el tendedero, mojada del baño de jabón. Goteaba plic, plic, dentro de un canasto de pinzas.
—Mañana ya estará seca —dijo Mamá—. Esta noche usa la cobija nueva.
La cobija nueva era azul y todavía traía la etiqueta. Olía a tienda y estaba tiesa como una galleta. Regina la acarició. No hizo frrr. No hizo nada.
—Es muy nueva —dijo Regina—. Me da cosquillas en el estómago.
Primero se puso encima su chamarra, pero pesaba. Luego juntó tres peluches, pero se cayeron al piso. Dio vueltas a un lado y vueltas al otro. Nada.
Entonces arrastró la cobija nueva hasta el patio, en pijama y descalza. Junto al tendedero había un canasto grande de ropa limpia. Adentro dormía Canela, la gata, porque ahí estaba lo más calientito de la casa. Canela no pensaba moverse por nadie.
Y Canela hacía frrr, frrr, frrr.
Regina se quedó quieta. Así sonaba. Se sentó junto al canasto y acarició la cobija nueva despacito, al mismo ritmo que la gata. Y hacía ella misma el sonido: frrr, frrr.
La cobija seguía tiesa. Regina siguió acariciándola. Poco a poco se puso más blanda, y de pronto soltó un estornudito: ¡pfff!
Regina se rio tapándose la boca. Canela abrió un ojo, bostezó y lo volvió a cerrar.
Regina volvió a su cama con la cobija azul hasta la nariz. Ya olía un poquito a gata. Afuera, la cobijita goteaba plic, plic, y adentro, muy bajito, alguien hacía frrr.