Saltar al contenido
Fabulada

Cuerpo y sentidosEspañol

Faro y la rana verde

Elena vivía al pie de un faro, y su casa era la única donde las paredes cambiaban de color cada noche. Esa noche la luz las pintó de naranja.

Elena tenía tres años y una bacinica con forma de rana. Quería usarla ella sola, como su primo grande. Quería decir "¡Lo logré!" y que sonara fuerte en toda la casa.

Se sentó en la rana. Esperó y esperó. No pasó nada.

—Ya vendrá —dijo mamá desde la puerta.

Elena se levantó y se volvió a sentar. Seguía sin pasar nada.

Probó otra cosa. Abrazó a su oso y apretó los ojos con mucha fuerza. Tampoco.

Entonces la luz del faro dio la vuelta, y la pared se puso verde como una hoja. Una polilla pequeña entró volando por la ventana. Daba vueltas y vueltas alrededor de la luz, porque era lo único que quería en el mundo.

Elena la miró.

—Tú también das vueltas —le dijo.

La pared pasó a azul. La polilla voló hacia el azul. Pasó a rosa, y la polilla se fue al rosa. Elena se rio bajito. Ya no apretaba los ojos ni el oso. Estaba mirando la pared y solo la pared.

—Mira, mamá, ahora es morada —susurró.

Y de pronto, plic.

Elena se quedó muy quieta. Miró a la rana. Miró a mamá.

—¿Eso fui yo?

—Fuiste tú —dijo mamá, y sonrió tanto que se le cerraron los ojos.

—¡Lo logré! —gritó Elena. Lo gritó tan fuerte que la polilla dio un salto en el aire.

La luz dio otra vuelta lenta y llenó el cuarto de amarillo. Afuera, las olas hacían shhh, shhh, y la rana verde se veía dorada.