Primeras vecesEspañol (Argentina)
La fruta con llamas verdes
Mía quiere probar la fruta rosa que trajo su abuela. Es grande y tiene llamas verdes por todos lados, como un huevo de dragón.
Mía se sienta en la hamaca del porche. La hamaca hace cric, cric con el viento. La abuela deja la fruta en un plato y entra a buscar el cuchillo.
Mía mira la fruta. La fruta la mira a ella.
—Solo un poquito, Mía —se dice.
Primero la huele. Huele a nada. Después la toca con un dedo. Es dura y un poco fría. Mía saca el dedo rapidísimo.
Entonces llega la gallina Pepa, que pasa todas las tardes por el porche a buscar migas. Pepa da vueltas alrededor del plato. Inclina la cabeza. Pica una llama verde y la tira al suelo.
—Eso no se come, Pepa —dice Mía—. Es raro.
Pepa no le hace caso. Ella solo quiere migas.
Mía prueba otra cosa. Se tapa los ojos con las dos manos y estira la mano hacia la fruta. Toca una llama, y las llamas pinchan un poquito. Se destapa los ojos. Nada cambió. La fruta sigue rara.
—Solo un poquito —repite.
La abuela vuelve y corta la fruta por la mitad. Mía se asoma y abre la boca.
Por dentro la fruta es blanca, y está llena de puntitos negros. Parecen estrellas en un cielo de leche.
—¡Mirá! —dice Mía—. ¡Un cielo adentro!
Eso sí le gusta. Agarra con la cuchara un pedacito chiquito, con tres estrellas, y se lo mete en la boca.
Crac, hacen las estrellas entre sus dientes. Es dulce, fresco y suave.
Mía se ríe. Pepa pica una estrella del plato y cacarea.
La hamaca hace cric, cric. Mía come otra cucharada, y otra, mientras el jugo rosa le corre por la barbilla.