Primeras vecesEspañol de España
La canción del diente
El diente de Valeria se mueve cuando ella canta. Lo descubre en la azotea, entre las lámparas de papel, y se queda con la boca abierta.
Esta noche hay fiesta de farolillos en el jardín de arriba. Valeria quiere salir en la foto con un hueco en la sonrisa. Quiere también dejar el diente bajo la almohada para el Ratoncito.
Primero tira con los dedos. Resbalan.
Luego muerde una manzana grande. La manzana gana.
Nico cuelga farolillos de una cuerda. Lo hace porque su madre le ha dado ese trabajo y quiere hacerlo bien.
—Sujeta la escalera —dice—. No puedo ayudarte ahora.
Valeria sujeta la escalera y canta bajito, sin darse cuenta: «Luna, lunera…». El diente se menea, tic, tic.
—¡Mira! —dice—. Se mueve con la canción.
—¿Con cuál? —pregunta Nico desde arriba.
—Con esta. Pero solo me acuerdo de la mitad.
Valeria se lo pregunta a Luna, la hermana pequeña de Nico, que riega los tomates.
—Vosotros sabéis cómo sigue, ¿verdad?
Luna no lo sabe. Nico dice que la última parte sube muy alto, como un globo. Luna enseña un trozo del medio: «…cascabel de plata…».
Valeria junta los pedazos, uno, dos, tres. Y canta la canción entera, con el final que sube y sube.
En la nota más alta, el diente salta de su sitio.
—¡Plop!
Cae dentro de la regadera. Luna mira dentro y aplaude.
—¡Venid! —grita—. ¡Hay un diente nadando!
Nico baja un escalón, pescarlo le toca a Valeria. Lo saca con dos dedos, mojado y chiquito, brillante como una perla.
Entonces se encienden todos los farolillos a la vez. Valeria sonríe con el hueco bien abierto. El aire le silba por el hueco, fiu, y en la cuerda las luces se balancean, amarillas y tibias, al ritmo de la canción.