Estaciones y climaEspañol
La nieve de Sofía
Sofía quería atrapar el primer copo de nieve con las dos manos y guardárselo para su abuela.
Esa mañana, el puente del pueblo hacía música bajo sus botas. Pisó una tabla y sonó do. Pisó otra y sonó mi. Nadie se asomó a mirar. En el pueblo, todos sabían que el puente cantaba.
Del cielo gris bajó un copo, lento como una pluma.
—¡Ahí viene! —dijo Sofía.
Estiró las manos. Pero el copo dio una vuelta y se fue hacia un lado. Sofía corrió detrás. Pi, pa, pi, pa, cantó el puente.
—Ven, copito —le dijo—. Ven, ven.
El copo se subió, se bajó, y se quedó quieto sobre la barandilla. Sofía cerró las manos. ¡Nada! Solo tenía un poquito de agua fría.
—Se derritió —suspiró.
Un gorrión saltaba por la barandilla. Buscaba migas para su nido y no tenía tiempo para copos. Picoteó una miga y se fue.
Sofía lo miró y pensó. Si sus manos estaban calientes, la nieve se derretía. Entonces necesitaba algo frío.
Corrió a casa y volvió con la tapa de una caja de lata. La puso un rato sobre la barandilla, hasta que quedó helada como un lago.
Más copos empezaron a bajar. Uno, dos, muchos. Sofía levantó la tapa.
Plap. Un copo cayó encima.
Plap. Otro, y otro más.
No se derritieron. Se quedaron ahí, blancos y con puntitas, como estrellas chiquitas.
—¡Mira! —susurró Sofía—. Los atrapé.
Caminó despacio hasta el otro lado, con la tapa muy derecha. El puente cantó do, mi, sol, bajito, bajito, como si también quisiera cuidar la nieve.
Sofía se paró en la orilla y miró la tapa. Los copos brillaban. Sobre su nariz cayó uno más, frío y suave.
—Abuela va a ver esto —dijo.
Y la nieve siguió bajando sobre el puente, sin hacer ruido.