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Fabulada

Imaginación y fantasíaEspañol (Uruguay)

Chispa, el barquito pirata

Chispa era el barquito pirata más chiquito del estanque, y el único con una vela hecha con una remera de rayas.

Todas las mañanas llevaba un tesoro de un lado a otro. Ese día el tesoro era un botón dorado, y tenía que llegar a la Isla de las Piedras antes de que se hiciera de noche.

Pero cuando salió, el estanque estaba quieto como un espejo. No soplaba nada de viento. La remera de rayas colgaba flojita.

—Vamos, vela, vamos —dijo Chispa.

Nada. Ni una arruga en el agua.

Primero probó con los remos. Eran dos cucharitas de madera, y solo hacían plic, plic, y el barquito casi no se movía.

Después probó cantando una canción de piratas. Cantó fuerte. Cantó más fuerte todavía. Pero las canciones tampoco empujan a los barcos.

—Antes los piratas sabían cómo llamar al viento —suspiró Chispa—. Pero nadie se acuerda del truco.

En eso, un pato pasó nadando a su lado. Tenía apuro. Iba a su nido, porque sus patitos ya lo esperaban.

—¡Permiso, barquito! —graznó—. ¡No puedo parar!

El pato siguió de largo, y detrás de él el agua se arrugó en olas largas y suaves.

Chispa las miró. Las olas venían una tras otra, como una escalera que se movía.

—¡Mirá vos! —dijo—. Si el viento no viene, me subo a las olas.

Giró el timón con todas sus fuerzas. Se puso justo detrás del pato, y la primera ola lo levantó.

—¡Wiii! —gritó Chispa.

Subió, bajó, subió, bajó. La remera de rayas se sacudió, y el barquito se rio con todo el casco.

Cuando el pato llegó a su nido, Chispa ya tocaba las piedras de la isla. Dejó el botón dorado sobre la más lisa, donde brilló.

Desde el nido llegó un cuac, cuac, cuac, muy bajito. Después el agua fue quedándose quieta alrededor de Chispa.