Imaginación y fantasíaEspañol (Argentina)
Chispa, el barquito pirata
Chispa era un barquito pirata de madera, y era el único de la bañera que tenía una bocina de latón en la proa.
Renata lo había pintado de rojo con una bandera negra. Esa tarde le dijo:
—Hoy navegás hasta la isla de jabón, Chispa. Yo te empujo.
Chispa quería llegar. Era la primera vez que cruzaba solo toda la bañera.
Renata lo soltó. El barquito se meció y avanzó despacito, entre las burbujas.
Pero justo en medio de la bañera, algo lo detuvo. Era el patito de goma, que flotaba muy quieto, con cara de dormido. Chispa chocó con él, y el patito no se movió.
—Permiso, patito —dijo Renata, y lo corrió con el dedo.
Chispa siguió. Pero entonces vino la toalla. Se había caído un cachito adentro del agua, y se enredó en el timón. El barquito giró y giró en el mismo lugar.
—¡Remá, Chispa, remá! —dijo Renata.
Chispa no tenía remos. Probó una vez, y nada. Probó otra, y nada.
Renata pensó un poquito. Después tocó la bocina de latón con el dedo.
¡PUUUM!
El sonido fue tan fuerte que retumbó en todos los azulejos. Renata se tapó las orejas y se rio. El patito se despertó de un salto y dio una vuelta entera. Y al saltar, hizo una ola.
La ola empujó a Chispa. La toalla se soltó del timón y quedó flotando como una nube blanca.
—¡Ahora sí! —dijo Renata.
Chispa avanzó, derechito, hacia la isla de jabón. Subió una burbuja, bajó otra. Despacito, despacito.
Al llegar, rozó la isla con la proa. Renata lo miró y no dijo nada.
El patito se acercó flotando, todavía mareado, y se quedó al lado del barquito. Las burbujas hacían plip, plip, y la bocina de latón brillaba bajo la luz de la lámpara.