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Fabulada

Imaginación y fantasíaEspañol (Colombia)

Un barquito pirata llamado Chipirón

Camilo quería que su barquito pirata llegara hasta la isla de la roca redonda antes de que se fuera el sol.

El barquito se llamaba Chipirón. Era de madera, con una vela remendada y una bandera negra con una cara sonriente. Camilo lo soltó en la orilla del charco grande, donde el agua llegaba hasta los tenis.

—Ve, Chipirón. Tienes que llegar a la isla. Allí está el tesoro.

El tesoro era una galleta que Camilo había guardado de las onces. Estaba envuelta en una hoja y atada con un hilo.

Chipirón se movió un poquito. Giró. Se quedó quieto.

—No hay viento —dijo Camilo.

Sopló con todas sus fuerzas. Fuuu. El barquito se meció y nada más.

Camilo pensó. Buscó una vara larga y empujó desde la orilla. Chipirón avanzó un poco, pero la vara no llegaba a la isla. Y el sol ya estaba muy bajo, rojo como una naranja.

—Ay, Chipirón. Se nos acaba el día.

Entonces Camilo se quedó callado y miró. Una hojita flotaba cerca de la roca. Otra, más cerca. Todas iban hacia el mismo lado, muy despacito.

—El agua se mueve —susurró—. Aunque el viento no.

Al fondo del charco, el desagüe del patio dejaba caer un hilo de agua. Camilo llevó a Chipirón hasta allí y lo soltó en esa corriente.

El barquito se fue solo. Pasó junto a las hojitas. Pasó junto a un caracol que cruzaba una piedra, muy ocupado en sus cosas, sin mirar a nadie.

Toc. Chipirón llegó a la roca redonda.

Camilo corrió por la orilla, se agachó y desató el hilo. Abrió la hoja. La galleta se había partido en dos.

—Una para el capitán —dijo—. Y otra para el barquito.

Puso un pedacito junto a la vela remendada. El sol se apoyó en el borde del patio, y el charco entero se volvió de color naranja. Chipirón se mecía despacio, toc, toc, contra la roca, mientras Camilo mordía su mitad.