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Fabulada

Cuerpo y sentidosEspañol (Uruguay)

El frasco de la lluvia

En el pueblo de las sombras lentas, las nubes se juntan sobre los techos de chapa.

Julieta mira por la ventana. Su sombra todavía está en la cocina, caminando despacito para alcanzarla. Nadie en el pueblo lo encuentra raro. Las sombras siempre llegan tarde.

Julieta quiere regalarle a la abuela el olor de la lluvia. La abuela tiene fiebre y duerme con la ventana cerrada. Ese olor es lo que más le gusta en el mundo. Y se despierta recién al atardecer, cuando la lluvia ya se fue.

—Tengo que guardarlo antes de que pare —dice Julieta.

Agarra un frasco, se pone la campera y sale al patio. Lo destapa en el aire y lo cierra rápido. Lo huele.

—Todavía no huele a lluvia. Huele a frasco.

Pone el frasco bajo la gotera. Plic, plic, plic. Se llena de agua. Lo huele otra vez.

—Todavía no huele a lluvia. Huele a nada.

Una rana salta a un charco. ¡Croac! No vino a ayudar. Vino a chapotear. Se zambulle y salpica el zapato de Julieta.

Julieta se sienta en el escalón, con la cara mojada. Mira el camino de tierra. Se acuerda de algo: cuando empezó a llover, el olor salió de ahí. De la tierra seca, cuando las gotas la golpearon.

—¡Claro! —dice.

Corre al camino. Con la cucharita llena el frasco de tierra mojada y lo tapa fuerte. Lo abre apenas, un poquito. Ahí está. Huele a lluvia.

Julieta corre a la casa. El sol ya se va y la lluvia casi para. Su sombra viene lejos, atrás, tropezando con los charcos.

La abuela abre los ojos justo cuando Julieta destapa el frasco bajo su nariz.

—Huele a lluvia —susurra la abuela, y sonríe.

Afuera cae la última gota sobre el techo. Y la sombra de Julieta, por fin, entra por la puerta y se acuesta quieta sobre la colcha.