Estaciones y climaEspañol (Colombia)
La semilla de Samuel
En el huerto de la abuela, la tierra estaba blandita después de la lluvia. Allí, junto a una campana de hojalata colgada de una rama, vivía el viento, que siempre andaba cambiando de idea.
Samuel llegó con una semillita en la mano. Era negra, redonda y chiquita como una lenteja.
—Quiero que crezca una flor —dijo—. Una flor amarilla.
Hizo un huequito con el dedo y dejó caer la semilla. Pero el viento sopló de golpe, y la semilla salió volando.
—¡Ay! —dijo Samuel.
Corrió detrás. La campana sonó: ¡clin, clin! Eso pasaba siempre que el viento cambiaba de lado, y en el huerto nadie lo encontraba raro.
La semilla cayó en una grieta de la cerca. Samuel metió los dedos, pero eran muy gordos. Metió una ramita, pero la semilla no salió.
—Despacito, semillita —dijo—. Ven con Samuel.
Entonces vio a una hormiga. La hormiga cargaba una migaja de pan y pasaba por la grieta, porque ese era su camino a casa. No le importaba la semilla. Solo quería llegar a su hormiguero con su migaja.
—Con permiso —dijo la hormiga, o eso parecía.
Samuel se quedó mirándola. Ella entraba por un lado y salía por el otro, sin prisa.
—Ya sé —susurró.
Fue por un esfero de su abuela, de los que tienen tapita. Con la tapita hizo una cucharita. La metió muy despacio, y la semilla rodó encima. Salió de la grieta con un saltito.
Samuel esperó a que la campana se quedara quieta. Cuando no hubo viento, volvió al huequito. Puso la semilla adentro, la tapó con tierra y le dio dos palmaditas.
—Ahora sí —dijo.
El viento pasó de puntillas. La campana no sonó. Solo se oyó, muy bajito, la hormiga que volvía con otra migaja, pasito, pasito, por encima de la tierra blandita.