Estaciones y climaEspañol (Argentina)
Hojas naranjas en el patio
En el patio de la escuela, junto al muro, había un árbol con hojas verdes. Agustina lo miraba todas las mañanas.
—Hoy tenés que ponerte naranja —le decía al árbol—. Es otoño.
Ella quería ver las hojas naranjas antes de que llegara su cumpleaños. El árbol no contestaba. Las hojas seguían verdes.
Agustina juntó una hoja del suelo y la pintó con su crayón naranja. Se la pegó a una rama con cinta.
Vino el viento. Fuiii. La hoja pintada voló lejos, hasta el techo del gallinero.
—Eso no vale —dijo Agustina.
Entonces probó otra cosa. Le llevó al árbol un vaso de jugo de naranja y se lo echó en las raíces.
—Tomá. Ahora ponete naranja.
Las hojas siguieron verdes. Pero una hormiga salió de la tierra, toda mojada y pegajosa, y empezó a caminar enojada. Tenía su propio trabajo: llevar una migaja hasta su casa.
—Perdoname, hormiga —dijo Agustina.
Se sentó en el suelo, cansada. Y mientras miraba cómo la hormiga cargaba su migaja, vio algo arriba, en la punta de una rama.
Una sola hoja. Tenía el borde de un naranja suave, como el de una galleta recién horneada.
—¡Mirá! —gritó Agustina—. ¡Una!
Corrió por la maestra, y volvió con ella de la mano. Pero cuando llegaron, la hoja ya no estaba sola. Al lado había otra con la puntita naranja. Y más arriba, otra.
—Se pone naranja de a poquito —dijo la maestra.
Agustina se quedó quieta, con la cabeza hacia atrás. Una hoja se soltó y bajó girando. Cayó sobre su zapato, tibia por el sol, y crujió bajito cuando ella la tocó.