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Fabulada

Estaciones y climaEspañol (Uruguay)

Las hojas naranjas de Valentina

Un lunes, Valentina encontró una hoja naranja en el patio. Era la única. Todas las demás del árbol grande seguían verdes.

—¡Qué linda! —dijo.

Valentina quería que el árbol se pusiera naranja entero, como un farol de fiesta. Y quería verlo antes de que su abuela volviera del mercado.

Primero, le habló al árbol.

—Árbol, ya podés cambiar de color.

Las hojas se movieron un poco. Nada más.

Entonces Valentina buscó un pincel y un tarro de pintura naranja. Subió a un banquito y pintó una hoja. Después otra. Pero la pintura goteaba, y la hoja quedaba pesada y pegajosa.

—Plaf —hizo una gota en su zapato.

Valentina se sentó en el suelo, con el pincel en la mano.

—Es que todavía no es tiempo —dijo una vocecita.

Era Ñandú, el erizo del patio. Venía arrastrando una hoja seca más grande que él, para su cama de invierno.

—¿Tiempo de qué? —preguntó Valentina.

—De frío —dijo Ñandú—. Yo la juntaría ahora, pero esta la juntó el viento. A mí no me mires, yo estoy ocupado.

Y se fue con su hoja, tropezando.

Valentina miró la hoja. Después miró el suelo. Había hojas naranjas por todos lados, y todas estaban debajo de la rama más alta. Siguió el caminito de hojas con la vista, hacia arriba, hasta que llegó a una sola rama.

Ahí, el sol le daba todo el día. Y ahí, las hojas ya estaban cambiando.

—¡Ay! —dijo Valentina—. Empiezan por donde hay más sol.

Dejó el pincel. Se quedó mirando la rama, quietita. Cada rato, una hoja verde se teñía de naranja, despacito, como un té que se va oscureciendo.

Cuando la abuela volvió del mercado, encontró a Valentina sentada bajo el árbol, con las manos en las rodillas.

—¿Qué mirás, nena?

—Shhh —dijo Valentina—. Mirá. Esa se está poniendo naranja.

Y de la rama cayó una hoja, crac, justo sobre el zapato manchado.