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Fabulada

Familia y hogarEspañol (Colombia)

Abuelo en la luz azul

Mariana tiene la lengua afuera y el esfero apretado en el puño. Escribe en una sábana vieja, con letras grandes y torcidas: BIENVENIDO ABUELO.

Hoy llega el abuelo. Y ella quiere colgar la sábana en la plataforma del árbol, entre las tres ramas gruesas, para que él la vea desde el camino y se lleve una sorpresa.

—Papá, ¿puedo subir?

—Todavía no, Mariana. Primero reviso las cuerdas.

Mariana espera. Cuenta hasta diez. Cuenta hasta veinte. Papá sigue buscando el martillo.

Entonces lo intenta de otra manera. Enrolla la sábana, la amarra a una pelota y la lanza hacia arriba, hacia la plataforma.

La pelota sube, sube… y se queda a medio camino. La sábana se abre en el aire y cae sobre la cabeza de Papá.

—¡Fuaaa! —dice Papá, con la sábana puesta como un fantasma.

Mariana se ríe tanto que se sienta en el pasto.

—Los fantasmas no revisan cuerdas —dice Papá, y también se ríe.

Pero la sábana sigue en el suelo, y el abuelo ya está por llegar. Mariana mira a su alrededor. Allá arriba, en la colina, el faro empieza a girar. Su luz pasa por la pared de la casa y la pinta de verde. Después de naranja. Después de rosado. Así es el faro de allí: cada noche pinta la casa de un color distinto, y nadie se asombra.

Mariana se queda quieta. Mira la pared. Mira la sábana.

—¡Papá! ¡No la necesito arriba!

Ella misma cuelga la sábana en la cuerda de la ropa, bien baja, justo donde pasa la luz. Papá le sujeta una punta. Mariana sujeta la otra.

Un coche se detiene en el camino. Se abre una puerta.

—¿Quién escribió esto? —pregunta el abuelo, con los tenis llenos de polvo.

La luz pasa otra vez. La sábana se vuelve azul, y las letras torcidas brillan como si fueran de agua.

El abuelo abre los brazos. Mariana corre hacia ellos. Y la luz azul da una vuelta lenta sobre los tres, mientras en la cocina empieza a silbar la tetera de las onces.