Primeras vecesEspañol (Argentina)
La bici roja de Camila
Camila quería andar en bici sin las rueditas, y quería hacerlo hoy.
Su bici era roja y tenía un timbre que hacía ring. Su abuelo Tito le había sacado las rueditas esa mañana. Ahora la bici se quedaba parada en el patio, y Camila miraba el camino de tierra que daba la vuelta al huerto.
—Yo sé, yo sé —dijo—. Pedalear y ya.
Se subió. Pedaleó. La bici se fue para la izquierda, y Camila también. Plaf, al pasto.
—Otra vez —dijo.
Se subió de nuevo. La bici se fue para la derecha. Plaf, otra vez al pasto.
Camila se sentó con las manos en las rodillas. Cerca, el abuelo Tito dormía en su reposera, con el sombrero sobre la cara. Roncaba bajito. Él sabía de bicis, pero estaba muy dormido.
—Abuelo —susurró Camila.
Ronquido. Nada más.
Camila no lo despertó. Miró la bici. Miró el camino. Miró a una gallina que cruzaba el patio con pasos chiquitos, mirando siempre adelante, a donde iba, sin mirarse los pies.
—Ah —dijo Camila.
Hasta ahora ella había mirado la rueda de adelante, todo el tiempo. Y la bici se tambaleaba como un plato en la punta de un dedo.
Se subió otra vez. Esta vez miró lejos, al final del camino, donde había un árbol de higos. Empujó con un pie. Pedaleó.
La bici se quedó derecha. Una vuelta de pedal. Otra. El viento le movió el flequillo.
—¡Mirá, mirá! —gritó, y apretó el timbre—. ¡Ring, ring!
La gallina pegó un salto y salió corriendo. El sombrero del abuelo voló por el aire.
—¿Eh? ¿Qué pasó? —dijo Tito, parpadeando.
Camila ya iba por el camino, mirando el árbol de higos, y la bici rodaba sola bajo ella, suave, con un zumbido de cadena.
Ring, ring, hacía el timbre. Y detrás, el abuelo se reía y aplaudía.