EmocionesEspañol (Argentina)
Una lágrima en el zapato
Martina encontró una lágrima en su zapato. Era chiquita, redonda y brillaba como una gota de lluvia. Estaba justo en la punta, esperando.
—¿Y esto de quién es? —preguntó Martina.
Nadie contestó. Pero Martina sintió un nudo en la garganta, y entonces se acordó. Esa mañana se le había roto el barrilete que hizo con su abuelo. Hoy era el día del viento, y ella quería volarlo más alto que el techo.
Ahora el barrilete tenía un agujero en el medio. Y Martina no quería llorar.
—Los grandes no lloran por un papel —dijo, y se tragó todo.
Probó pegar el agujero con cinta. La cinta se arrugó. Probó taparlo con una hoja de lechuga. La lechuga se cayó, plaf, y un pájaro se la llevó.
El nudo en la garganta crecía y crecía, como un globo.
Martina se sentó en la escalera. Apretó los ojos. Apretó la boca. Apretó hasta los dedos de los pies, y el zapato crujió.
La lágrima del zapato se movió un poquito. Martina la miró. Parecía que decía: «Yo ya salí. ¿Y vos?».
—Ay —dijo Martina—. Es que estoy triste.
Y entonces salió la primera lágrima. Después otra. Después un montón, tibias, que le mojaron la remera. Lloró con hipo, hip, hip, y con la nariz que hacía ruidos raros.
Su abuelo salió con el mate y se sentó a su lado, sin decir nada. Tenía sus propias cosas que hacer: venía a regar la planta de la escalera. Regó la planta. Después se quedó un ratito más.
Cuando Martina terminó, el nudo había desaparecido. Respiró hondo, y el aire entró fácil, como en una pieza con la ventana abierta.
Una lágrima grande cayó justo sobre el agujero del barrilete. El papel se arrugó, se pegó y quedó un poco mojado.
Soplaba el viento. Martina sonrió y levantó el barrilete, y el papel mojado le hizo cosquillas en los dedos.