Familia y hogarEspañol de España
El tic-tic de la pared
—Algo hace tic-tic en la pared —susurra Alma, y pega la oreja a ella.
Es la primera noche en la casa nueva. La cocina está llena de cajas. Mamá y papá cenan tarde, a la luz de una vela, y una caja grande hace de mesa. Alma no tiene sueño, pero quiere dormirse. En la casa vieja, la tubería de su cuarto decía cada noche tuc, tuc-tuc, como un buenas noches. Aquí la tubería solo dice tic-tic, y ese tic-tic no es de nadie.
—Venid, escuchad —dice Alma.
—Es la casa, que se está acomodando —dice papá, con la boca llena.
Alma coge una cuchara y llama a la pared. Tuc, tuc-tuc. La pared contesta: tic-tic. No sabe decir otra cosa.
—Más fuerte —dice Alma, y golpea más fuerte. ¡Clong! La cuchara se le escapa y cae dentro de una olla. La llama de la vela salta, y mamá se ríe tanto que se le cae el pan.
—Cuidado, que despiertas a la casa —dice mamá.
Alma se queda quieta. Tic, tic-tic. Se da cuenta de que el ruido nunca cambia, por mucho que ella golpee. Es muy suyo, como un grillo que no deja de cantar su canción. La pared no sabe contestar a la cuchara, pero sigue ahí, tic-tic.
Entonces Alma se agacha y habla bajito, pegada a la pared:
—Tic, tic-tic.
Y la pared contesta: tic, tic-tic. A Alma le cosquillea la nariz.
Sube a su cuarto por la escalera, que tiene doce escalones para subir y catorce para bajar. Nadie sabe por qué, y a nadie le importa. Se mete en la cama con su conejo. Por la pared, muy flojito, llega el tic-tic, tic-tic, cada vez más despacio, como la lluvia cuando ya casi ha parado.
—Tic, tic-tic —dice Alma, con los ojos cerrados.
Y la pared, tic.