Cuerpo y sentidosEspañol (Uruguay)
El estornudo de Mía
Mía tiene un estornudo tan fuerte que despeina a los árboles.
Hoy quiere hacer algo despacito. En el pozo del pueblo, el eco contesta un segundo tarde, y nadie lo encuentra raro. Cada noche el abuelo se asoma y dice "buenas noches". El pozo lo repite un poquito después. Pero esta noche el abuelo está en la cama con tos. Entonces Mía va en su lugar.
Se apoya en el borde de piedra. Un gorrión picotea semillas ahí mismo, porque es su cena.
—Bue… —empieza Mía.
Una plumita del gorrión sube por el aire y le hace cosquillas en la nariz.
—Uy, no —dice Mía—. Ahora no.
Se aprieta la nariz con dos dedos. La cosquilla sigue ahí. Cuenta hasta tres con los ojos cerrados. La cosquilla sigue ahí. Mira el cielo y piensa en algo aburrido, como un zapato. La cosquilla crece y crece.
—¡Ay, viene!
Mía se da vuelta y estornuda hacia el campo.
—¡ATCHÚ!
El gorrión sale volando y cae de cola sobre una calabaza. Mía se asoma otra vez, bien serita.
—Bue…
Otra vez la cosquilla. Mía suspira. Entonces se acuerda de algo: el pozo se toma un segundo para contestar. Se inclina y deja salir el estornudo hacia abajo.
—¡ATCHÚ!
Se queda quieta, esperando. Un segundo. En ese segundito, mientras el pozo todavía no dice nada, Mía susurra:
—Buenas noches, abuelo.
Desde el fondo sube el "atchú" grande, redondo, como una pelota que rebota. Y detrás, suave:
—…uenas noches, abuelo…
Arriba, en la ventana, alguien tose un poquito y después responde:
—Buenas noches, Mía.
El gorrión vuelve al borde y sigue con sus semillas. Crac, crac, crac, se oye en la noche.