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Fabulada

Estaciones y climaEspañol de México

Gotas en la ventana

Una gota enorme se quedó pegada en el vidrio, y dentro de la gota había una casa chiquita, de cabeza.

—¡Mamá, mira! —dijo Itzel—. ¡Mi casa está en una gota!

Itzel tenía una tarea para esa tarde lluviosa. Quería ver cuál gota llegaba primero hasta abajo de la ventana. Ya había escogido la suya: la gorda, la de la casita. Le puso Gotota.

—Tú vas a ganar, Gotota —susurró.

Pero Gotota no se movía. Se quedó quieta, bien agarrada al vidrio.

—Anda, Gotota, ven.

Nada. Las otras gotas bajaban rápido, zigzag, zigzag, y se perdían en el marco.

Itzel sopló fuerte. La gota solo tembló. Le dio un golpecito con el dedo, pero el vidrio estaba del otro lado, y el dedo hizo ¡toc! y nada más.

—Qué terca eres —dijo Itzel.

Se quedó mirando. Entonces vio que una gotita flaca venía bajando por el vidrio, derechita hacia Gotota.

—¡Espera! —dijo Itzel—. A lo mejor ella la ayuda.

La gotita chocó con Gotota y se juntaron. Gotota se puso todavía más gorda, y tembló, y se estiró como una lágrima.

—¡Ay, ya viene!

Pero se detuvo otra vez.

Itzel pensó. Una gota sola no podía. Dos gotas juntas, sí, un poco. ¡Quizá con más!

Corrió por su chamarra y la sacó al balcón. Con cuidado, pasó el dedo mojado por la parte de afuera del vidrio, arriba de Gotota, y juntó tres gotitas en un caminito.

Las gotitas bajaron, bajaron, y se unieron a Gotota.

Y entonces Gotota se soltó. Resbaló rapidísimo, ¡chuuu!, y llegó hasta el marco, con todas las demás.

—¡Ganamos! —gritó Itzel.

Mamá se rio. Afuera, la lluvia seguía cantando sobre el techo, plic, plic, plic, y Itzel se quedó con la nariz pegada al vidrio, mirando otra gota que empezaba a bajar.