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Fabulada

Estaciones y climaEspañol (Colombia)

La bufanda de Nicolás

—Esta noche va a nevar —dice la abuela, y Nicolás corre a buscar sus tenis.

Nicolás nunca ha visto nevar. Quiere atrapar el primer copo y enseñárselo a la abuela antes de que ella termine de servir las onces.

Afuera, el aire pica en la nariz. Nicolás espera con la mano abierta. Nada. Espera un poco más. Entonces algo pequeñito y frío le toca la palma.

—¡Abuela, mira!

La abuela se asoma con la cuchara en la mano. Pero la palma ya está mojada. El copo se volvió una gotita.

—Se derritió —dice Nicolás.

—Tu mano está tibia —dice la abuela—. Despacito, copo, despacito. Yo estoy con el chocolate.

Y vuelve a la cocina.

Nicolás lo intenta otra vez. Trae un frasco vacío, atrapa un copo y cierra la tapa. Corre adentro. En el fondo del frasco solo queda una gota.

—Otra vez —dice.

Sale. Moño, el gato, sale detrás, porque quiere olfatear la noche. Un copo le cae justo en la nariz.

—¡Achís! —hace Moño, y salta hacia atrás con las orejas tiesas.

Nicolás se ríe tanto que se le cae el frasco. Se agacha a recogerlo, y entonces ve algo en su bufanda. Hay copos sobre la lana oscura, y ninguno se derrite. Están quietos, blancos, como estrellitas bordadas.

—Claro —susurra—. Es que la lana también está fría.

Se quita la bufanda con mucho cuidado. La lleva plana, como una bandeja, y camina despacito, despacito, hasta la puerta de la cocina.

—Abuela, ven. Pero ven afuera.

La abuela sale con dos tazas humeantes. Se inclina sobre la bufanda y no dice nada durante un rato.

Los copos siguen cayendo, sin hacer ruido. Moño se sienta junto a los tenis de Nicolás. Y la taza tibia le calienta las dos manos.