Cuerpo y sentidosEspañol (Argentina)
La frazadita suave de Renata
Renata encontró una frazadita suave dentro de la caja de zapatos, y la frazadita se movía.
—Ay, ¡hay algo adentro! —dijo.
Levantó una punta. Era un pollito amarillo, chiquito como una pelota de ping-pong, que temblaba un poquito.
—Pip —dijo el pollito.
Renata miró por todos lados. En el porche de la cabaña no había nadie. Solo el columpio, que crujía con el viento: crick, crick.
—Se te cayó la mamá, ¿no? —le preguntó—. Hoy te voy a cuidar yo. Todo el día. Y la frazadita te va a dar calor.
Lo envolvió bien suave, y el pollito se quedó quietito. Pero cuando Renata se levantó para buscar agua, el pollito salió de la frazadita y se fue corriendo, pip, pip, pip, ¡derecho al columpio!
—¡Vení acá! —gritó Renata.
El pollito se metió debajo del asiento. Renata se agachó y estiró la mano. Nada. Le llevó una migajita de pan. Nada. El pollito miraba el columpio que iba y venía, y no se movía de ahí.
Renata se quedó pensando. Entonces notó algo: el columpio iba más alto cuando alguien contaba en voz alta. Siempre pasaba eso en la cabaña.
—Pollito, ¿querés subir? —dijo—. Yo voy primero. Mirá.
Se sentó, con la frazadita en la falda, y empezó a contar:
—Uno, dos, tres…
El columpio subió, y subió. Crick, crick.
—Cuatro, cinco, seis…
Arriba, arriba. Y el pollito, pip, saltó a la falda de Renata, justo encima de la frazadita.
—¡Siete! —rió Renata.
Entonces, desde el pasto, se oyó un cloc, cloc, cloc. Una gallina grande subía los escalones del porche, buscando a su pollito.
Renata frenó despacito el columpio. El pollito se asomó, la miró, y se hundió en la frazadita suave, calentito, mientras el columpio crujía despacio, crick, crick, cada vez más lento.