Familia y hogarEspañol
El dominó de Sofía
Sofía quiere jugar al dominó con el abuelo. Siempre juegan cuando él viene de visita, y hoy llega después de comer.
Ella saca la caja y pone las fichas boca abajo. Las cuenta una por una. Faltan fichas. Falta la más grande, la del seis y seis.
—¡No puede ser! —dice Sofía.
Mira debajo del sofá. Solo hay una pelusa gris. Mira en el cajón de los juguetes. Solo hay un calcetín verde.
—Seguro que se fue con los calcetines —dice mamá desde la cocina—. Ya sabes cómo son. Se cambian de pareja por la noche.
Sofía suspira. Los calcetines de su casa siempre se cambian de pareja. Nadie sabe por qué. Pero una ficha de dominó, eso sí que es raro.
Suena el timbre. Es el abuelo, con una bolsa de tomates y los pies cansados.
—Abuelo, no podemos jugar —dice Sofía—. Se perdió el seis y seis.
—Vaya —dice el abuelo, y se sienta en el sillón—. Déjame pensar. Quítame los zapatos, anda, que me duelen los pies.
Sofía le quita un zapato. Después, el otro. Y mira los calcetines del abuelo. Uno es rojo. El otro es azul con rayas.
—Abuelo, tus calcetines no son pareja.
—Claro que no —dice él, y se ríe—. Se cambiaron anoche. Y yo me los puse igual.
Sofía abre mucho los ojos. Si los calcetines no tienen que ser pareja, entonces la ficha tampoco tiene que ser igual a las otras.
Corre a buscar un cartón y las tijeras. Corta una ficha. Con el lápiz dibuja seis puntos de un lado y seis del otro. Le quedan un poco torcidos.
—Aquí está —dice—. El seis y seis nuevo.
El abuelo la mira con cariño.
—Es la mejor ficha de toda la caja.
Sofía la pone sobre la mesa, entre las demás.
Clac.
Suena un poquito distinto, más suave. El abuelo mueve los dedos de los pies, uno rojo y otro azul, y empieza a jugar.