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Fabulada

EmocionesEspañol de España

Nube Chispa y la lluvia

—¡Plic, plic! —oyó Nube Chispa desde el pueblo—. ¡Que llueva, que llueva!

Chispa se asomó por encima del tejado. Era una nubecita pequeña, redonda como un bollo, y quería muchísimo hacer llover para los niños del pueblo. Pero hoy estaba triste. Se miró por dentro y no encontró ni una gota.

—Estoy vacía —suspiró—. Soy una nube sin lluvia.

Primero lo intentó con fuerza. Se apretó, se apretó y se apretó. Salió un soplido: ¡fiu! Y nada más.

Después intentó pensar en cosas tristes, como hacen las nubes grandes. Pensó en un paraguas roto. Pensó en un charco seco. Pero Chispa se echó a reír, porque el paraguas roto parecía un murciélago, y no salió ni una gota.

—Así no es —dijo, y se sentó en el aire.

Entonces vio algo en el suelo. Una hilera de huellas mojadas subía por la colina, pequeñas y redondas, plic, plic, plic. Chispa las siguió volando bajito.

Las huellas llegaban hasta un caracol que cargaba una hoja enorme.

—Hola —dijo Chispa—. ¿Por qué dejas el camino mojado?

—Voy a casa a beber —dijo el caracol—. Mi hoja está llena de rocío de la mañana. Se me derrama un poquito.

Chispa miró la hoja brillante. Después miró el cielo, donde el sol calentaba. Y se acordó de que, al amanecer, ella había estado sobre el río, tan cerca que el agua le hacía cosquillas.

—¡Eso es! —dijo—. Yo también me llené esta mañana. Solo que no me di cuenta.

Se levantó despacito, muy despacito, hasta quedar sobre el pueblo. Cerró los ojos y se dejó ir, sin apretar.

Primero cayó una gota. Luego dos. Luego muchas, suaves, sobre el tejado y la calle.

—¡Plic, plic, plic! —cantaron los niños, con las caras hacia arriba.

Y el caracol, debajo de su hoja, escuchaba la lluvia caer.