EmocionesEspañol de México
Valeria y la fuente de burbujas
Valeria era la única niña del pueblo con una chamarra de capucha con orejas de conejo. Cuando se sentía tímida, se subía la capucha hasta las cejas, y las dos orejas se le caían hacia delante.
Esa mañana era su primer día en la escuela nueva. En el patio había una fuente, y junto a la fuente, unos niños jugaban a las atrapadas. Valeria solo quería una cosa: jugar con ellos.
Se acercó despacito.
—Hola —dijo, muy bajito.
Salió tan bajito que solo la oyó una hormiga. Los niños siguieron corriendo.
Valeria probó otra cosa. Levantó la mano para saludar. Pero la manga de la chamarra era larga, y la mano se quedó adentro. Solo se movió una manga vacía, como una bandera. Nadie la miró.
Valeria se sentó en el borde de la fuente y suspiró. Sin darse cuenta, empezó a tararear la canción que su mamá cantaba cuando hacía el desayuno.
—Mmm, mm-mm, mmm...
¡Pop! Salió una burbuja de la fuente. ¡Pop, pop! Salieron dos más. Después salieron muchísimas, redondas y brillantes, y subieron por el aire.
Valeria dejó de tararear. Las burbujas se acabaron.
Tarareó otra vez, muy bajito. ¡Pop, pop, pop! Las burbujas volvieron. Nadie en el patio puso cara de sorpresa. Todos sabían que la fuente era así.
Una burbuja se le posó en la oreja de conejo. Otra le reventó en la nariz.
—¡Hip! —hizo Valeria, y se rio sin querer.
Un niño llegó corriendo.
—¡Oye! ¡Haz más!
—Es que... es una canción —dijo ella.
—¿Cómo va? —preguntó una niña.
Valeria sacó la mano de la manga. Esta vez sí se vio.
—Mmm, mm-mm, mmm —cantó, muy bajito.
Los otros cantaron con ella, y la fuente soltó tantas burbujas que el patio entero se llenó. Los niños corrían para atraparlas, y Valeria corría con ellos, con las orejas de conejo rebotando.
Las burbujas subían, subían, y hacían pop, pop, pop sobre su capucha.