EmocionesEspañol (Argentina)
El volcán chiquito de Julieta
Julieta encontró un volcán chiquito dentro de la panza. Estaba caliente y rojo, y hacía burbujas.
Ese día ella quería terminar el rompecabezas del faro. Era grande, con cien piezas, y quería mostrárselo a papá cuando volviera. Ya estaba casi listo. Se veía el mar, se veía la torre, se veía la lucecita de arriba. Pero en el medio había un agujero.
Faltaba una pieza.
Julieta buscó en la caja. Buscó en la mesa. Buscó en las medias.
—¡No está! —dijo, y el volcán burbujeó más fuerte.
Entonces pateó el piso. ¡Pum, pum, pum! La mesa tembló y el faro se movió, pero el agujero siguió ahí.
Entonces gritó:
—¡Qué rompecabezas tonto!
Pimienta, la gata, salió corriendo y se metió bajo la alfombra del rincón. El volcán seguía grande, y Julieta se sentía toda colorada.
Se quedó quieta. Notó que le latía el pecho y que tenía las manos apretadas. Se acordó de la sopa, cuando está muy caliente.
Julieta sopló como se sopla la sopa. Despacito, largo, con la boca redonda.
El volcán se achicó un poquito.
Sopló otra vez. Más chico.
Sopló una vez más, y el volcán quedó como un carbón tibio.
Ahora Julieta podía mirar. Se agachó junto a la alfombra, donde Pimienta se había acomodado en su lugar calentito, y le habló bajito.
—Perdón por el grito. ¿Me dejás ver? Correte un poquito.
Pimienta estiró una pata y bostezó. Debajo de la pata había algo chato y de colores.
—¡Mirá! —dijo Julieta.
Era un pedacito de cielo con una estrella de luz. Ella lo llevó hasta el faro y lo apretó en el agujero.
Clic.
La lucecita de arriba brilló entera. Pimienta ronroneó contra su tobillo, y adentro de la panza de Julieta algo tibio y chiquito también ronroneaba.