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Fabulada

Estaciones y climaEspañol (Uruguay)

Una semilla en la ventana

—Acá te voy a plantar, semillita —dijo Julieta.

Estaba en el altillo del granero, donde olía a paja y a sol. Tenía una latita con tierra y una semilla de girasol, redonda y rayada como un tigre chiquito. La metió en la tierra con un dedo y le dio unas palmaditas.

—Ahora necesitás agua. Y sol. Vamos a ponerte en la ventana.

La ventana estaba alta, tan alta que Julieta no llegaba. Hizo una pila de cajones, subió y dejó la latita en el borde. Después bajó a buscar el balde.

Pero el balde estaba abajo, en el patio, y el altillo estaba arriba. Julieta ató el asa a la soga del columpio y tiró.

—Poquito a poquito —dijo.

La soga se estiró, se estiró… y se quedó corta. El balde colgaba en el aire, a un metro de ella.

—Vení, balde —dijo Julieta, y estiró el brazo.

Nada. Probó con un palo. Nada. Una gallina marrón subió por la escalera, muy seria, buscando un lugar para su huevo. Se acomodó en la paja y miró a Julieta.

—No es para vos, gallina —dijo Julieta—. Es para la semilla.

La gallina dijo «cloc» y siguió con lo suyo.

Julieta miró la soga. La soga se movía un poquito, de un lado al otro. Se movía como un columpio. ¡Claro, era un columpio!

Soltó el balde y lo dejó en el piso. Como siempre, le quedaba una pulgada de agua en el fondo, y nunca se acababa. Julieta lo agarró con una mano, se agarró de la soga con la otra y se tiró.

¡Fuiiiu! Voló hasta la ventana.

—¡Plaf!

El agua cayó justo en la latita. La gallina cacareó, Julieta se rio, y la soga siguió yendo y viniendo, cada vez más despacio.

En la ventana, una gotita brillaba sobre la tierra oscura. Después se hundió sin hacer ruido.