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Fabulada

Estaciones y climaEspañol de México

Las hojas del sauce naranja

—¡Mira, Abuelo Sapo, esa hoja ya se puso naranja! —dijo Sofía, y señaló el sauce de la orilla del río.

Sofía quería una sola cosa: una hoja naranja para su cuaderno. Tenía la chamarra puesta y una bolsita para guardarla. Pero las hojas del sauce todavía estaban verdes, y la primera, la que había visto, era solo un rayo de sol.

—Todavía no es hora —croó el sapo, sentado en su piedra lisa—. Yo estoy aquí esperando las moscas de la tarde.

Sofía esperó. Contó diez piedras del río. Contó otras diez. Las hojas seguían verdes.

—Voy a ayudarlas —dijo.

Se subió a una piedra y sopló fuerte sobre las ramas. Fuuu, fuuu. Las hojas se movieron, pero no cambiaron de color. Entonces sacudió una rama con las dos manos. Cayó una lluvia de gotitas y el sapo saltó al agua.

—¡Plop! —dijo el agua.

—¡Perdón, Abuelo Sapo! —rió Sofía.

—Ya me mojé —dijo él, saliendo despacito—. Pero mira dónde estás parada.

Sofía miró hacia abajo. Entre las piedras lisas había hojas caídas. Eran amarillas, rojizas y una, pequeñita, era naranja como una mandarina.

—¡Ya estaba aquí! —dijo Sofía—. Las hojas que se vuelven naranjas caen primero.

La levantó con cuidado, la secó en su chamarra y la metió en la bolsita.

—Las verdes todavía no es hora —dijo, mirando el sauce.

—No es hora —croó el sapo, y se acomodó otra vez en su piedra.

Una mosca pasó zumbando. El sapo abrió la boca, y Sofía se quedó muy quieta, con la bolsita contra el pecho, oyendo el río correr entre las piedras lisas.