EmocionesEspañol (Colombia)
La nubecita y los faroles
—Ojalá hoy no venga ninguna nube —dice la señora Elvira desde la azotea, y Luciana, una nubecita gris, se esconde detrás de la chimenea.
Luciana quiere ir a la fiesta de faroles. Esta noche, en el jardín de la azotea, todos van a tomar onces bajo las luces. Pero Luciana está llena de lluvia, pesada como una esponja mojada, y la lluvia apaga los faroles. Por eso está triste. Tan triste, que se pone todavía más gris.
Primero intenta aguantarse. Aprieta la barriga y sopla hacia dentro. ¡Plin! Se le escapa una gota y cae justo en el tenis de la señora Elvira.
—¿Quién anda ahí? —pregunta ella, mirando el cielo.
Luciana se encoge muchísimo.
Entonces prueba otra cosa: irse lejos. Pero no sabe cuál es el camino bueno. ¿Hacia el río? ¿Hacia el cerro? Da una vuelta, y otra, y vuelve al mismo sitio.
En el jardín hay un tronco hueco que repite lo que se dijo una hora antes. Nadie lo encuentra raro. Luciana se asoma y susurra:
—¿Qué hago?
—¡Ojalá hoy no venga ninguna nube! —contesta el tronco, con la voz de la señora Elvira.
Luciana se pone gris como un calcetín viejo. Pero el tronco sigue:
—¡Ay, qué sed tienen mis tomates! ¡Se me van a arrugar como pasas!
Luciana mira las macetas. Las matas de tomate están caídas y las hojas se ven flaquitas. Los faroles, en cambio, cuelgan lejos, del otro lado, bajo el toldo.
Y entonces se le ocurre.
—Despacito —se dice—. Despacito, nube, despacito.
Se coloca justo encima de las macetas, ni un poquito más allá. Suelta una lluvia finita: tic, tic, tic. Las matas levantan las hojas. Los faroles siguen encendidos.
La señora Elvira mira arriba, con la regadera vacía en la mano.
—Ah —dice—. Eras tú.
Trae una silla, se sienta bajo el toldo con su taza y no dice nada más. Luciana se queda quieta sobre las macetas, liviana como una almohada. Abajo brillan los faroles, y las gotas siguen cayendo, tic, tic, tic, sobre las hojas verdes.