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Fabulada

Cuerpo y sentidosEspañol (Colombia)

Cepillo de Mariana y gallo al revés

—Me falta el final de la canción —dijo Mariana, con el cepillo en la mano.

Era la canción de su abuela. Mariana la cantaba mientras se cepillaba los dientes, y cuando la canción terminaba, los dientes quedaban lisos y brillantes. Pero esa noche solo se acordaba del principio. «Arriba, abajo, arriba, abajo...» Y después, nada.

Fue a buscar a mamá, que doblaba toallas.

—Mamá, ¿cómo sigue la canción?

—Mmm, no me acuerdo, mi amor. Yo me sé la de la lavadora.

Fue a buscar a papá, que secaba los platos.

—Papá, ¿cómo sigue?

—Arriba, abajo, arriba, abajo... —cantó papá—. Y ahí me pierdo. Pregúntale a alguien más.

Mariana se asomó a la ventana. Había niebla en el patio, espesa como leche. Allí estaba Don Capitán, el gallo de la casa, subido en la cerca.

—Don Capitán, ¿tú te sabes el final?

El gallo infló el pecho.

—¡Kiriki-kíííí! ¡Las nueve! ¡Kiriki-kíííí! ¡Las ocho! ¡Las siete!

Cuando hay niebla, Don Capitán canta las horas al revés. Todos en la casa lo saben. Y no era la canción, claro. Él solo estaba contando lo suyo.

Mariana suspiró y volvió al baño. Se cepilló arriba y abajo, arriba y abajo. Pero, sin final, paró muy pronto, y los dientes le quedaron con pelusa.

Entonces oyó otra vez, desde el patio:

—¡Las seis! ¡Las cinco! ¡Las cuatro!

Mariana se quedó quieta. Eso bajaba, bajaba, bajaba, como una escalera. ¡Tenía un final!

Se puso pasta nueva y cantó, bajito:

—Arriba, abajo, arriba, abajo... ¡tres, dos, uno!

Cepilló un diente por cada número. Los de adelante, los de atrás, los de abajo. En el «uno» hizo un «¡pffft!» enorme y la espuma le saltó hasta la nariz.

Se enjuagó y se miró en el espejo. Sus dientes brillaban como porcelana.

Afuera, Don Capitán cantó muy despacio:

—Las tres... las dos...

Y en el lavamanos cayó una última gota: plin.