Imaginación y fantasíaEspañol (Argentina)
El autito de Mateo
Mateo empujaba su autito rojo por la alfombra verde del living, haciéndolo esquivar las patas de las sillas. El autito era chiquito, brillante y tenía las ruedas de goma negra. Mateo quería construir una pista larguísima usando sus cubos de madera para que el autito rojo pudiera andar rápido sin chocar contra nada.
Puso un cubo azul, después uno amarillo y después uno rojo. Pero cuando quiso pasar el autito por el medio, la pista quedó demasiado angosta. ¡Brum, brum! El autito se trabó entre dos bloques y no pudo avanzar.
Mateo empujó un poquito más fuerte. El autito rojo hizo ¡paf! y la torre de cubos se cayó entera sobre la alfombra. El perro Titán, que estaba durmiendo al sol, abrió un ojo, estiró las patas y cambió de lado para seguir durmiendo plácidamente. Mateo probó poner los cubos acostados. Tampoco funcionó, porque la pista quedaba llena de pozos y el autito se volcaba de costado como un bote en el agua.
Entonces Mateo se sentó sobre sus talones y miró los bloques desparramados. Notó algo divertido: los cubos más largos tenían el mismo ancho que las ruedas de su autito. Se le ocurrió una idea brillante.
En vez de hacer paredes altas, usó los cubos largos para formar un camino plano en el suelo, bien juntitos uno al lado del otro. Colocó el autito rojo al principio del caminito de madera. Le apoyó el dedo mano atrás y lo empujó con impulso.
El autito rojo corrió suavemente por la madera lisa, pasó por debajo de la mesa y frenó justo al toque de la oreja de Titán. Mateo se largó a reír, se agachó bien cerca del piso y sintió el olor a madera limpia mientras el autito quedaba quieto, brillando bajo la luz de la ventana.